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Nuestro pueblo
La plaza mayor de Bustarviejo para presenciar festejos
Por Luis CERVERA VERA
La rural Plaza Mayor de Bustarviejo tiene la
característica de poseer graderías construidas con mampostería en dos de sus lados
para que los espectadores puedan presenciar cómodamente y con seguridad
festejos taurinos, así como también la proveyeron de burladeros formados por grandes
piezas de granito empotradas solidamente en el terreno, con objeto de proteger a los
lidiadores. En el lado sur, las gradas están destinadas a la Presidencia del
espectáculo.
Esta Plaza Mayor forma parte del grupo de las dispuestas
con estructuras permanentes desde las que pueden presenciar espectáculos
los asistentes a ellos, siendo diferentes por su concepto de las preparadas, también
con elementos fijos, para celebrar fiestas en su solar, como es, por ejemplo,
la de Villarejo del Valle en el abulense Valle del Tiétar.
Existen, por
tanto, dos tipologías bien diferenciadas en el acomodo permanente
de las Plazas Mayores para la realización de festejos taurinos. Así, mientras
unas Plazas Mayores articulan sus contornos en beneficio de los espectadores para
presenciar festejos taurinos o de cualquier orden, en otras estructuran
sus perímetros para conformar una superficie en la cual se puedan celebrar
con garantía las fiestas de toros.
Al Norte del templo parroquial de
la Purísima Concepción y en el extremo sep-tentrional del conjunto urbano
se formó una superficie libre, amplia y nivelada donde comenzaron a celebrar mercados
los domingos de cada semana y tres anuales los días 14 al 17 de septiembre.
Sucesivamente, en el lindero del camino que atravesaba lateralmente el lado
Oeste de aquel lugar, fueron levantando pequeñas casas de una planta construídas
en mampostería de granito, armaduras de madera y teja árabe; el lado Norte lo
ocupó la Casa Consistorial; mientras que en el lado Este estructura un graderío
permanente para presenciar festejos, y en el Sur, delante templo parroquial,
emplazaron otro graderío, más reducido, destinado a los personajes que presidían
las fiestas. Son, por tanto, dos lados de la Plaza Mayor los dispuestos de manera
permanente para presenciar espectáculos.
Esta Plaza Mayor ocupa una superficie aproximada de mil doscientos sesenta metros
cuadrados, y a ella se accede por cuatro calles. Está presidida por el edificio de
sillería y superficie cuadrada de la Casa Consistorial , que es una fabrica con dos
plantas, y cuya fachada se articula mediante un porche en planta baja y una galería,
a eje, en la superior, ambas formadas por arquerías de medio punto apoyadas en
pilares.
Sobresaliendo de la gradería presidencial se alza, a mediodía de la plaza
una gallarda torre del siglo XV unida al templo parroquial fechado en el XVI.
De éste se tiene noticia en 1640, cuando Miguel Torres, que se titulaba maestro
de arquitectura y también ensamblador, cortó pinos en los contornos
de Bustarviejo para un retablo que tiene que hacer para dicha villa;
y también sabemos que el 20 de marzo de 1650, y para ejecutar obras en su fábrica,
redactó unas condiciones Felipe Lázaro de Goiti, maestro de obras de la catedral
de Toledo.
Con objeto de que los espectadores puedan presenciar
cómodamente los festejos celebrados en la Plaza Mayor, construyeron una gradería
que ocupa todo el lindero del lado Este y con una planta visiblemente curva, recordando
a los tendidos de las clásicas Plazas de toros. La estructura de su fábrica está
formada con mampostería de granito, material del que disponían en abundancia por
la naturaleza de su terreno. El frente de la gradería se eleva dos metros sobre
el nivel del suelo de la plaza, y su parte superior queda protegida por barrotes
de hierro intestados en piezas cúbicas de piedra. Consta de tres asientos, con
el ultimo prolongado en un ancho pasillo de unos tres metros, en el que pueden
presenciarse los festejos de pie y cuyo recinto, algo inclinado, está protegido
por un muro posterior. Rematan los asientos recias losas rectangulares de piedra
granítica, y a la gradería se accede por escaleras situadas en sus extremos.
La gradería de la Presidencia tiene análogas características que la del público.
Completan la estructura resenada tres robustas piezas de granito que sirven de
burladero a los lidiadores en las fiestas taurinas, y para la celebración de éstas
los cuatro accesos a la Plaza Mayor se cierran con un vallado de madera. Por la
especial y amplia estructura permanente para presenciar con comodidad y
garantía los espectáculos, principalmente taurinos, aparece la Plaza Mayor de
Bustarviejo como una de las que presentan mayor originalidad.
Texto extraido del líbro
“ANALES DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS MADRILEÑOS”,
editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Ermitas
Gracias al Archivo parroquial sabemos que a finales
del siglo XVI y comienzos del XVII, en Bustarviejo había numerosas ermitas, algunas
de las cuales se mencionaban en donaciones, como las de Santiago, San Andrés, San
Sebastián y San Roque, aunque no eran las únicas porque en algunos documentos se hace
referencia a "las demás ermitas".
La de Santiago ha desaparecido; referente a la de San Roque sospechamos que pueda ser
la iglesia de Valdemanco, que conserva la advocación; San Sebastián ha dejado su
nombre a un barrio y a una calle, aunque la ermita ha desaparecido. La de San Andrés
actualmente es el cementerio; también se ha mantenido el nombre en un puente sobre el
arroyo de la Puerta del Cura.
La del Cristo queda dentro del pueblo y la de la Soledad en las afueras. Los
cimientos de otra, la de Nuestra Señora del Consuelo, afloran a ras de tierra en la
finca denominada El Ejido.
La Ermita del Santísimo Cristo de la Peña
La Ermita del Santísimo Cristo de la Peña no es sólo
la de construcción más original sino también la más extraña de todas las de la región
porque conserva sus características de cueva.
Es evidente que se aprovechó algún hueco natural y que su interior fue tallado y
alisado para convertirlo en un habitáculo más o menos cúbico, agrandándolo con
cortafríos, cuñas y mazas. Las jambas y el dintel que enmarcan la puerta son
añadidos, así como las lanchas algo curvas que forman la visera sobre la entrada; el
techo y las paredes son naturales. No parece que se trate de una construcción
primitiva cristianizada puesto que sobre el dintel pueden leerse, aunque con
dificultad, unas letras grabadas en la piedra y retocadas con pintura negra: "Hizo
esta obra Francisco Baonza acabose año 1625". En la jamba izquierda, otra inscripción
aún más confusa, explica el suceso que originó la construcción: "Aq Alcaro e Alto la
+ i la pusieron e una pña" y podría ser: "Aquí alzaron en alto la cruz y la pusieron
en una peña", que seguramente se refiere a la conmemoración de algún milagro o,
simplemente, situar un humilladero donde rezar a la salida del pueblo. El estilo de
los caracteres es similar al de las inscripciones del Vía Crucis que apareció en
diciembre de 1981, por lo que podemos deducir que tanto la ermita como el vía crucis
son de una época en la que existía un gran fervor religioso.
Su aspecto difiere del original que conocemos por un plano de edificios notables del
pueblo que, en 1879, hizo para el Instituto Geográfico y Estadístico el topógrafo
Miguel Sánchez, y nos muestra una planta mayor que la actual. La piedra debió de ser
cortada unos años después, aprovechando una grieta señalada en el plano y que es
límite actual del gran bloque de granito. En el hueco que quedó, y que ahora es un
solar, se construyó en 1928 un pajar de grandes dimensiones, derribado en octubre de
1981. También era una construcción notable que llamaba la atención: las jambas de la
ventana eran dos piezas prismáticas de granito de casi dos metros de altura y no
menos de 500 kilos de peso cada una, y estaban apoyadas verticalmente sobre una
gruesa viga de fresno.
La ermita ha sufrido notables cambios; desde principios de siglo y hasta 1950 estaba
vacía; debía de llevar muchos años sin puerta y abandonada y era usada como refugio
ocasional, a juzgar por las paredes y el techo completamente ahumados.
Hacia 1964, siendo párroco don Emilio Regúlez, se colocó la reja y se hicieron las
grandes jardineras de piedra a los lados de la puerta; se plantaron dos cipreses que
los vecinos del barrio se han encargado de cuidar. El interior fue picado y limpiado;
los canteros retocaron la piedra y abrieron unas pequeñas hornacinas; se retocaron
las inscripciones con pintura, lo que no deja de ser una herejía desde el punto de
vista de la restauración.
Luego vino la instalación eléctrica y la Ermita del Cristo quedó como ahora se la
ve: bien conservada aunque bastante adulterada respecto a su aspecto primitivo, más
sencillo y sobrio, más serrano.
La Ermita de Nuestra Señora de la Soledad
No sabemos si la actual Ermita de Nuestra Señora de la
Soledad es la misma que hubo en el siglo XVII, aunque sí la de los planos de 1879,
porque las medidas de su nave coinciden plenamente con aquélla.
La construcción actual es muy rústica y sencilla. Sólo la moldura de piedra que
remata los muros y soporta el tejado la hace distinta de una casa cualquiera; en
cambio, la disposición de las cubiertas es algo más cuidada. Aunque desde aquella
fecha se han realizado algunos cambios: el pórtico no estaba cerrado por el lado sur
y sólo tenía pared por el lado norte. Había unas columnas, ahora desaparecidas, que
servían de soporte al tejadillo del pequeño atrio. Tampoco existía la sacristía que
se adosó a la fachada este. Se observa, además, un cambio de posición en el
emplazamiento de la cruz. Los elementos decorativos son escasos: una sencilla
cornisa en las fachadas norte y sur, una pequeña cruz de hierro sobre el hastial de
la fachada principal y una graciosa reja cerrando el pequeño atrio de la entrada. El
interior es aún más sobrio. Ante la edificación se alza una cruz de piedra, de 1940,
aunque su base es bastante más antigua. Ante la fachada principal se encuentran
también dos pequeños pilares de piedra, decorados con unas cruces en relieve que
aguantan el peso de las andas mientras se rezan las oraciones a la entrada y salida
de la imagen de la Virgen; una tercera se encuentra semienterrada.
Ante la entrada de la ermita se encuentran dos grandes piedras, con inscripciones
muy toscas, que aparecieron en diciembre de 1981 al derribar una casa situada donde
ahora está el n.Q 93 de la calle Real. En realidad aparecieron tres pero la mayor
fue a parar a Miraflores entre un montón de cascotes, comprados para relleno. Sus
inscripciones revelan que formaron parte de un vía crucis que debió de estar en el
mismo camino que el actual; los agujeros hacen pensar que sobre ellas se encajaban
cruces de madera. Los caracteres de estas piedras son análogos al de la inscripción
de la Ermita del Cristo, las abreviaturas también del mismo estilo, y es muy
probable que el artesano fuera el mismo, con lo que quedarían datadas hacia 1625.
Las inscripciones de las dos piedras dicen: "Aquí desnudaron al Señor" y "Aquí
clavaron al Señor en la cruz".
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